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Desde la asunción del nuevo presidente de la Nación Mauricio MACRI, usted precibe que las expectativas económicas

EMPEORARON
ESTAN IGUAL
MEJORARON
NO SE

 

La devaluación del tipo de cambio no es una medida necesaria

AGUSTÌN D'ATTELLIS

Economista LGM, Profesor e Investigador UNM y UBA

En los últimos días, a partir de la inédita situación que enfrenta la Argentina por la decisión del Juez Griesa de mantener congelados en un limbo financiero los 539 millones de dólares correspondientes a los tenedores de deuda soberana reestructurada con jurisdicción en New York, algunos economistas han comenzado, nuevamente, a instalar la idea de la necesidad inminente de una devaluación del tipo de cambio.

El argumento utilizado para sostener tal afirmación, además del foco de incertidumbre que genera la irregular situación financiera, es que la inflación acumulada desde enero a esta parte ha eliminado parte de la supuesta ganancia de competitividad generada por la devaluación del tipo de cambio nominal en aquel momento. Debido al impacto en las expectativas sobre los agentes económicos que esta afirmación puede generar, y a la posibilidad de funcionar como profecía autocumplida, resulta importante demostrar su invalidez.

No existe consenso sobre un nivel de tipo de cambio real de equilibrio, ya que el mismo es diferente para cada caso en particular, al depender de una amplia diversidad de factores, tales como el socio comercial en cuestión, la dependencia de insumos importados de la producción, las diferentes estructuras de costos, etc. Podemos concluir entonces que sacar conclusiones sobre la competitividad de la economía a partir de su tipo de cambio real multilateral resulta incorrecto.

La economía argentina posee una estructura productiva desequilibrada que la conduce a un estrangulamiento externo a lo largo de los ciclos de crecimiento, dado por la escasez de divisas que genera la fuerte dependencia de bienes de capital importados que presenta el sector industrial.

Una devaluación del tipo de cambio no presenta efecto expansivo en términos de cantidades sobre las exportaciones, y provoca un efecto disuasorio sobre las importaciones, las cuales se tornan más caras. Esto último conduce a una mejora del saldo externo pero en detrimento del proceso de industrialización, y genera al sector exportador de productos primarios una mejora en términos de rentabilidad. Se observa entonces, que se producen efectos no deseados sobre la distribución del ingreso, con impacto negativo sobre aquellos sectores de ingresos fijos, así como también un traslado a precios internos que si no resulta controlado, pone en riesgo la pretendida ganancia de competitividad.

El gran desafío de aquí en adelante está en administrar el tipo de cambio, manteniéndolo en equilibrio con el resto de las variables macroeconómicas, y sin abandonar la sostenida mejora en términos distributivos de estos últimos años, para lo cual es necesario que la variable de ajuste no sean los salarios -como lo fue generalmente a lo largo de nuestra historia-, sino poner sobre la mesa de discusión a la tasa de ganancia y el comportamiento de los empresarios que actúan con poder de mercado en sectores concentrados. Trabajando sobre la formación de precios a lo largo de las cadenas de valor y recuperando los niveles de inversión pública y privada se logrará sostener el crecimiento y avanzar así en el tan ansiado desarrollo económico de largo plazo. Este camino deberá recorrerse en conjunto y de manera coordinada entre el sector público y el privado.

Es importante el desarrollo de efectivas y novedosas políticas industriales, la sostenida inversión en obra pública, con el objetivo de mejorar la infraestructura y reducir los costos de logística, y el desarrollo de líneas de crédito en condiciones beneficiosas para la inversión productiva, en particular hacia el entramado de pequeñas y medianas empresas.

Las expresiones oídas por estos días y basadas en la propuesta cortoplacista de devaluación del tipo de cambio deben entenderse como manifestaciones de sectores específicos en defensa de sus intereses, pero no tienen sentido desde el punto de vista del análisis de la economía nacional y su proceso de desarrollo.

Fuente: CRONISTA COMERCIAL